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Negocios y finanzas

Cómo hacer un presupuesto personal desde cero

Aleksandr Mikhailov
Founder, Astra Trainer
Actualizado
13 min de lectura

Hiciste un presupuesto. Fuiste minucioso. Las cuentas cuadraban, había margen para ahorrar y parecía el comienzo de una nueva etapa.

Entonces el coche necesitó una reparación. Llegó un cumpleaños. Una factura fue más alta de lo previsto. En la tercera semana ya estabas improvisando y, para el segundo mes, el presupuesto se había convertido en un documento que ni siquiera abrías.

La interpretación habitual es culparte: no tienes suficiente disciplina o se te da mal administrar el dinero. Esa conclusión casi siempre es incorrecta y nunca ayuda. La mayoría de los presupuestos fallan por un problema de estructura, y la estructura sí puede corregirse; tu personalidad no tiene por qué cambiar.

¿Por qué los presupuestos fallan al segundo mes?

Porque se construyen a partir de la imagen de un mes normal, pero los meses normales son mucho menos frecuentes de lo que parecen.

Cuando te sientas a planificar, anotas lo que recuerdas: alquiler, suministros, supermercado, transporte y suscripciones. Todos son gastos reales, regulares y fáciles de tener presentes. Lo que no aparece es esa categoría de cosas que ocurren varias veces al año en momentos imprevisibles: reparaciones del coche, dentista, regalos, sustituir algo que se ha roto, renovar un seguro anual o hacer un viaje que aceptaste meses atrás.

Nada de eso es una emergencia. Todo iba a suceder tarde o temprano. Pero como no ocurre cada mes, queda fuera de un presupuesto elaborado a partir del recuerdo de un mes normal.

Así, el presupuesto cuadra sobre el papel, pero no en la práctica, porque describe un tipo de mes que quizá solo se da tres veces al año. Todos los demás incluyen algún gasto para el que no existe una partida y, después de varios casos así, el plan parece defectuoso cuando en realidad está incompleto.

Un presupuesto que solo funciona durante un mes en el que no sucede nada fuera de lo común no es un presupuesto. Es la descripción de un mes excepcional.

Paso 1: analiza en qué gastas realmente

Antes de planificar, mide. La mayoría de las personas cree conocer bien sus gastos, pero se equivoca siempre en la misma dirección: recuerda con precisión los pagos grandes y regulares, pero no los pequeños y frecuentes.

Dedica un mes a registrar absolutamente todo. Los extractos bancarios y de las tarjetas harán casi todo el trabajo. No cambies tus hábitos durante ese periodo: quieres observar tu comportamiento habitual, no ofrecer una versión idealizada.

Después, clasifica las operaciones en categorías que reflejen tu vida, no una plantilla. Si gastas una cantidad relevante en algo que la plantilla no contempla, crea una categoría para ello.

El resultado será una cifra por categoría y un total. Compara ese total con tus ingresos. La primera vez suele ser incómodo, pero también es el dato más útil de todo el proceso. Todo lo que hagas después depende de que esa cifra sea exacta, no de que resulte favorecedora.

Un mes es el mínimo. Tres son mucho mejores, porque permiten detectar algunos gastos irregulares que podrían no aparecer en un solo mes.

Paso 2: separa los tres tipos de gastos

No hay dos tipos, sino tres. La división habitual entre necesidades y caprichos es el punto en el que muchos presupuestos pierden el contacto con la realidad.

Compromisos fijos. Misma cantidad, mismo momento y difíciles de cambiar a corto plazo. Alquiler o hipoteca, seguros, cuotas de préstamos y suscripciones. Son previsibles y, en su mayoría, no puedes ajustarlos este mes aunque quieras.

Gastos variables. Se producen continuamente y su importe depende de tus decisiones. Supermercado, combustible, comer fuera y ropa. Aquí es donde tienes cierto control cotidiano, y suele ser la única parte que los presupuestos intentan gestionar.

Gastos periódicos. Sabes que llegarán, pero no exactamente cuándo, y no aparecen todos los meses. Mantenimiento del coche, gastos médicos, regalos, renovaciones anuales, sustitución de electrodomésticos y viajes. Esta es la categoría que suele hundir los presupuestos.

TipoPrevisibilidadControl este mesCómo presupuestarlo
Compromisos fijosAltaBajoImporte exacto y pago automatizado
Gastos variablesMediaAltoObjetivo con un límite realista
Gastos periódicosSeguro que aparecerán; momento desconocidoBajoEstimación anual dividida entre doce y ahorrada cada mes

Paso 3: reserva primero para los gastos irregulares

Este es el cambio que marca una mayor diferencia, y además es sencillo.

Anota todo lo incluido en la tercera categoría que esperas pagar a lo largo del año: revisiones y reparaciones del coche, dentista y gastos médicos, regalos de cumpleaños y fiestas, suscripciones y renovaciones anuales, uno o dos objetos que probablemente tendrás que sustituir y viajes que ya conoces.

Calcula un total anual para cada concepto. Una estimación es suficiente, y es más seguro pasarte un poco que quedarte corto. Súmalos, divide el resultado entre doce y trata esa cifra mensual como si fuera una factura.

Después, aparta el dinero de verdad, preferiblemente en otra cuenta para no verlo como dinero disponible. Cuando el coche necesite una reparación en marzo, tendrás los fondos y el presupuesto seguirá intacto. El gasto dejará de ser una crisis y se convertirá en una simple retirada.

Quienes mantienen un presupuesto durante años casi siempre aplican alguna versión de este sistema. Quienes ven cómo el suyo se desmorona una y otra vez casi nunca lo hacen, y acaban culpando a su autocontrol cuando el verdadero problema es una partida ausente.

Cómo se enseña a gestionar el dinero en Astra Trainer

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Vale la pena conocer este enfoque porque es justo lo contrario de la mayoría de los consejos sobre presupuestos. En lugar de empezar por las restricciones, comienza explicando qué hace el sistema que te rodea. La idea es que tomas mejores decisiones cuando entiendes cómo funciona el mecanismo, en vez de limitarte a seguir reglas que no comprendes. Las lecciones duran unos cinco minutos y un guía te ayuda con cualquier concepto que te resulte extraño.

Hay varios métodos que se recomiendan con frecuencia. Todos son puntos de partida, no soluciones definitivas, y su utilidad depende mucho de circunstancias que no tienen en cuenta.

La regla 50/30/20 destina la mitad de los ingresos netos a necesidades, el treinta por ciento a caprichos y el veinte por ciento a ahorro y pago de deudas. Popularizada por Elizabeth Warren y Amelia Warren Tyagi, es sencilla y fácil de recordar. Su debilidad es el coste de la vivienda. En una ciudad cara, las necesidades pueden superar el cincuenta por ciento por mucho que controles tus gastos; entonces la regla empieza a sonar más a reproche que a orientación.

El presupuesto de base cero asigna cada unidad de ingresos a una categoría hasta que no queda nada sin distribuir. Es minucioso y eficaz para quienes disfrutan del detalle, pero exige tanto seguimiento que muchas personas terminan abandonándolo.

El método de pagarte primero a ti mismo aparta los ahorros el día de cobro antes de hacer cualquier otra cosa. Es el sistema menos detallado y, a menudo, el más eficaz, porque convierte el ahorro en un compromiso en vez de dejarlo como lo que sobre a final de mes. Su limitación es que no explica qué hacer con el resto.

En resumen, el método importa menos que incluir los gastos irregulares y mantener el hábito. Un presupuesto sencillo que usas durante dos años es mejor que uno elegante que abandonas en marzo.

¿Cómo hacer un presupuesto con ingresos irregulares?

La mayoría de los consejos presupuestarios dan por hecho que recibes un sueldo mensual estable. En el caso de autónomos, personas que cobran comisiones y propietarios de negocios, esa premisa no se cumple y las recomendaciones habituales se adaptan mal.

Presupuesta a partir del extremo inferior, no del promedio. Revisa los últimos doce meses y toma como referencia una cifra cercana a los ingresos más bajos. Diseña el presupuesto para que funcione con esa cantidad. Los meses buenos generarán un excedente, un problema mucho más agradable que el contrario.

Utiliza una cuenta colchón. Haz que tus ingresos lleguen allí y transfiere una cantidad fija a tu cuenta de gastos el mismo día de cada mes, como si te pagaras un sueldo. Así, la cuenta colchón absorbe las variaciones en lugar de trasladarlas a tu presupuesto.

Crea una reserva mayor que la recomendada para quienes cobran un salario estable. La orientación habitual de entre tres y seis meses de gastos está pensada para empleos estables. Los ingresos irregulares suelen exigir más, porque los periodos de escasez son más frecuentes, aunque no siempre sean tan profundos.

Y si los impuestos no se deducen en origen, aparta ese dinero de inmediato. Compórtate como si nunca hubiera sido tuyo. Las facturas fiscales son una de las causas más frecuentes del fracaso presupuestario entre los autónomos, precisamente por el motivo explicado antes: son gastos grandes, seguros y no mensuales para los que no se creó una partida mensual.

Una nota sobre las deudas. Las deudas con intereses elevados, especialmente las de tarjetas de crédito, cambian todos los cálculos anteriores. Cuando los intereses superan ampliamente cualquier rentabilidad probable del ahorro, amortizar la deuda suele ser mejor que ahorrar, con una excepción: conviene crear primero un pequeño fondo de emergencia. Sin él, el siguiente gasto inesperado volverá directamente a la tarjeta y el ciclo empezará de nuevo. Esta es información general, no asesoramiento adaptado a tu situación. Si atraviesas dificultades graves, consulta a un servicio de orientación sobre deudas sin ánimo de lucro en vez de actuar basándote en un artículo.

¿Por qué automatizar es mejor que confiar en la disciplina?

Porque un presupuesto que depende de que elijas correctamente una y otra vez acabará encontrándose con una versión de ti cansada, estresada o distraída, y esa versión toma decisiones diferentes.

La automatización elimina la decisión. Un ahorro que se transfiere automáticamente el día de cobro no requiere que decidas nada. Las facturas domiciliadas no dependen de tu memoria. Y el dinero destinado a gastos periódicos que pasa solo a otra cuenta no compite con ninguna otra cosa por tu atención.

Esto no tiene que ver con la debilidad. Tiene que ver con cómo funciona la toma de decisiones cuando una acción se repite. Si debes acertar doce veces al año, es probable que al menos una vez no lo hagas. Un sistema que supone lo contrario es un sistema frágil.

En la práctica, configura transferencias para que, el día de cobro, el dinero destinado al ahorro y a los gastos periódicos salga de tu cuenta principal de inmediato. Lo que quede será lo que puedas gastar. Habrás convertido un ejercicio mensual de contención en una única tarea de configuración.

Crea el hábito, no una hoja de cálculo perfecta

La dificultad de gestionar el dinero casi nunca está en entender el concepto, sino en mantenerlo. La mayoría de las personas comprende qué es un presupuesto durante la primera semana y deja de actualizarlo antes de la sexta.

La estructura de la aplicación está diseñada precisamente para resolver ese problema. Las misiones diarias, los puntos y la racha mantienen las lecciones breves incluso después de que la motivación habitual desaparezca, y hay un protector de racha para ese día en que todo sale mal. Cada tema incluye un cuestionario y cada curso termina con un examen final de diez preguntas, de modo que tus conocimientos se comprueban en vez de darse por sentados. La ronda diaria de Conexiones y el crucigrama 10x10 se crean a partir de las lecciones de ese mismo mundo, para convertir el repaso en algo que haces en lugar de seguir posponiéndolo.

Un Círculo te reúne con un grupo pequeño que comparte un objetivo semanal y un cofre que solo se abre cuando todos lo alcanzan juntos. El dinero es un tema del que muchas personas evitan hablar, y aprender con un grupo reducido que estudia el mismo contenido elimina una cantidad sorprendente de incomodidad.

¿Qué hacer si gastas más de lo presupuestado?

Da por hecho que ocurrirá y planifica cómo responder, porque tu reacción importa más que el exceso de gasto.

El error habitual no es superar el límite de una categoría. Es interpretar ese exceso como una prueba de que todo el sistema ha fallado y abandonarlo. Pasarte en una categoría durante un mes es normal. Lo que realmente te perjudica es renunciar al presupuesto.

Cuando suceda, haz tres cosas. Primero, averigua exactamente en qué se fue el dinero, sin reproches: necesitas la información, no la culpa. Después, decide si habías asignado poco dinero a esa categoría o si fue un mes excepcional, porque cada caso requiere una solución distinta. Por último, ajusta la cifra, no tus buenas intenciones. Si todos los meses superas el presupuesto del supermercado, la cifra es incorrecta, no ambiciosa. Aumentarla y reducir otra partida es una corrección, no una derrota.

Los presupuestos son herramientas para observar y dirigir tu dinero, no exámenes que apruebas o suspendes. Si revisas tu presupuesto cuatro veces en un año, significa que lo estás utilizando.

Cómo crear un presupuesto que puedas mantener

Mide antes de planificar. Un mes de datos reales vale más que un plan construido de memoria, porque tendemos a subestimar sistemáticamente los gastos pequeños y frecuentes.

Utiliza tres categorías, no dos: gastos fijos, variables y periódicos. La tercera es donde fracasa la mayoría de los presupuestos, e incluirla corrige más problemas que cualquier otro cambio.

Asigna un espacio mensual a los gastos irregulares. Divide el total anual entre doce, transfiérelo a un lugar separado y trátalo como una factura.

Automatiza en lugar de depender de tu determinación. Configurar una vez funciona mejor que contenerte todos los meses.

Y considera cualquier exceso de gasto como información. El presupuesto es una herramienta que puedes ajustar, no un examen al que te presentas.

Esta es información general, no asesoramiento financiero adaptado a tu situación. Si tienes deudas graves, busca ayuda profesional. Aun así, la idea estructural se mantiene: la mayoría de los presupuestos fracasa porque falta una categoría, y eso es un problema de diseño, no de carácter.

Preguntas frecuentes
¿Cuánto dinero debería tener en un fondo de emergencia?

La recomendación habitual es ahorrar entre tres y seis meses de gastos esenciales, o más si tus ingresos son irregulares o eres la única persona que aporta ingresos al hogar. La cifra importa menos que empezar: incluso una reserva pequeña evita que el próximo gasto inesperado termine financiándose con un crédito de intereses elevados.

¿Qué conviene más: ahorrar o pagar primero las deudas?

Si la deuda tiene unos intereses muy superiores a cualquier rentabilidad probable de tus ahorros, amortizarla suele ser la mejor opción matemática. La excepción habitual es crear primero una pequeña reserva para evitar que el siguiente imprevisto te obligue a endeudarte de nuevo. Cada situación es distinta y esto es información general, no asesoramiento personal.

¿Es mejor usar una aplicación o una hoja de cálculo para el presupuesto?

La mejor opción es la que sigas utilizando dentro de seis meses. Las aplicaciones reducen el esfuerzo mediante la clasificación automática; las hojas de cálculo ofrecen más control y no requieren suscripción; y el papel funciona para quienes lo prefieren. La constancia importa más que la sofisticación.

¿Por qué mi presupuesto funciona unos meses y otros no?

Casi siempre se debe a los gastos periódicos. Si el presupuesto funciona cuando no sucede nada fuera de lo común y falla en cuanto aparece un gasto distinto, probablemente la categoría de gastos irregulares no existe o tiene pocos fondos. Ese es el primer lugar que debes revisar y, normalmente, el único que necesitarás corregir.

¿Dónde puedo aprender cómo funciona realmente el dinero?

La ruta Sistemas monetarios, dentro del mundo de Negocios y Finanzas de Astra Trainer, incluye veinte cursos sobre el sistema que rodea a tu cuenta: desde la creación de dinero mediante el crédito hasta la banca central. Las lecciones duran unos cinco minutos y puedes empezar sin introducir una tarjeta. Puedes ver aquí el contenido de este mundo.

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